Noticias
Protección a la infancia
Educación sexual antes de los 12 años: evidencia para anticipar riesgos digitales
La difusión no consentida de imágenes, vídeos y conversaciones privadas es una preocupación generalizada y respaldada por experiencias cercanas de los propios jóvenes.

La educación sexual en España sigue llegando tarde y con un enfoque limitado. Un nuevo estudio liderado por la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) concluye que la formación preventiva debería comenzar antes de los 12 años para afrontar con mayor eficacia los riesgos digitales, el consumo precoz de pornografía y la falta de educación emocional en la adolescencia.
La investigación, publicada en la revista científica ‘Sexuality Research and Social Policy’ y apoyada por Save the Children e Impact Lab, ofrece una radiografía cualitativa sobre cómo adolescentes, familias y docentes perciben hoy la educación sexual y cuáles son sus principales carencias.
El estudio subraya la necesidad de incorporar una formación preventiva sobre los riesgos del contenido sexual online y el uso seguro de internet desde la etapa de Primaria. Según explica Gemma Mestre-Bach, investigadora de UNIR y responsable del mismo, “el objetivo principal es detectar las necesidades formativas para ofrecer un abordaje real que se adapte a un entorno cada vez más abierto y conectado».
Estos resultados se desprenden de un análisis cualitativo basado en 18 grupos de discusión integrados por adolescentes de 12 a 18 años, progenitores y docentes de la Comunidad de Madrid, Cataluña, País Vasco, Extremadura, La Rioja, Galicia, Murcia, C. Valenciana y Andalucía y en el que participaron investigadores de UNIR, Universidad de La Rioja, Universitat Jaume I, Universitat de València, Universitat de les Illes Balears, Yale University, Flinders University y, University of Montreal.
Prevención de riesgos en el entorno digital
Todos los y las adolescentes identifican al menos un riesgo asociado a los entornos online. El principal riesgo señalado es la difusión no consentida de imágenes, vídeos y conversaciones privadas. Esta preocupación es compartida por alumnado, familias y personal docente, y ampliamente respaldada por experiencias cercanas relatadas por los y las jóvenes.
La mayoría conoce casos reales de compañeros y compañeras cuyas imágenes íntimas fueron compartidas sin consentimiento, según la investigadora de UNIR, “incluyendo situaciones de suplantación de identidad para obtener este material”. Estas vivencias refuerzan la percepción de vulnerabilidad y el impacto social negativo que puede generar este tipo de prácticas.
Para ellos y ellas, es posible reducir estos riesgos mediante más información, mayor concienciación y un uso responsable de las redes sociales. Entre las estrategias que proponen los propios adolescentes para prevenir el uso indebido de imágenes se encuentran ofrecer más información sobre el uso seguro de las redes sociales, advertir sobre los peligros de enviar fotos íntimas y fomentar valores como el respeto, la empatía y la responsabilidad online. Aunque la mayoría afirma haber recibido información sobre los riesgos de internet, a través de sus familias y charlas escolares sobre ciberbullying, consideran que el enfoque debe ser más profundo.
El impacto de la pornografía y la distorsión de la realidad
Respecto al consumo de pornografía, el estudio muestra un consenso sobre sus efectos nocivos en la adolescencia. Los participantes mencionan perjuicios interrelacionados como la distorsión de la realidad sobre las relaciones sexuales, la normalización de la violencia, la adicción y la promoción de estándares de belleza ideales. Por ello, piden un enfoque educativo no moralizante que fomente el pensamiento crítico y la reflexión informada, ya que reconocen que ese contenido no refleja vínculos reales.
Sin embargo, el estudio apunta que mientras a los progenitores les inquieta la hipersexualización y la dificultad para diferenciar realidad de irrealidad, a los profesores les preocupan más el machismo, la brecha de género y la normalización de la violencia derivada del consumo de pornografía. Eso sí, todos los grupos de la investigación coinciden en que la educación preventiva debe comenzar en Primaria para formar a los jóvenes antes de que se enfrenten a estos contenidos.
Otro de los hallazgos significativos del estudio es el alto nivel de desconocimiento de los adolescentes sobre la relación entre emociones y sexualidad. Aunque muchos han oído hablar de esta conexión, pocos comprenden claramente cómo se interrelacionan ambos aspectos. Cuando los adolescentes reconocen algún vínculo, suelen hacerlo de forma simplificada, centrándose solo en la necesidad de un lazo emocional para el acto sexual, pero rara vez profundizan en el papel de las emociones en el respeto mutuo o la comunicación afectiva.
Mientras el enfoque dominante en la educación sexual sigue siendo principalmente biomédico, centrado en infecciones de transmisión sexual (ITS) y anticoncepción, el estudio también señala que, pese a que los progenitores tratan temas de bienestar emocional carecen de formación específica para conversaciones eficaces. Como consecuencia, la mayoría de adolescentes no recibe información sólida en este ámbito y reclaman información en gestión emocional, habilidades de comunicación y dinámicas de pareja para desarrollar relaciones más saludables.
Formación en centros educativos y colaboración familiar
El centro educativo se posiciona como el espacio principal de formación, aunque se percibe como insuficiente y poco regular. Los y las adolescentes entre 12 y 15 años valoran esta formación, pero a partir de los 16 años se vuelven más críticos, considerándolas repetitivas y poco valiosas.
Por su parte, el profesorado demanda recursos adicionales y personal especializado, ya que el 50% de los docentes asegura que su formación en esta área es insuficiente o está desactualizada. Finalmente, el estudio destaca la importancia de la alianza entre la familia y el colegio. Aunque el 50% de las familias opinan que sus hijos se informan sobre educación sexual en internet, los chicos y chicas aseguran que recurren principalmente a su grupo de pares para resolver dudas sobre educación sexual. En segundo lugar, recurren a internet.
La familia ocupa un tercer lugar como fuente de consulta. Sin embargo, sigue siendo considerada la fuente más confiable, a pesar de la incomodidad que genera el tema. Para mejorar esta situación, los docentes sugieren potenciar las escuelas de padres y madres e informar a las familias sobre los contenidos curriculares, reduciendo así posibles preocupaciones e implicándolos en el acompañamiento de sus hijos.
El estudio concluye que la educación sexual debe ser percibida como un compromiso obligatorio y compartido para garantizar un desarrollo seguro y saludable de los adolescentes en la era digital.
Forma parte del cambio
Si compartes nuestra visión y compromiso con la infancia, te invitamos a ser parte de este espacio de innovación. Juntos podemos diseñar, probar y mejorar soluciones que transformen la vida de niños, niñas y adolescentes.
Colabora con nosotros repensando el presente y construyendo un futuro donde cada niño y niña tenga las oportunidades que merecen. ¡Sumemos esfuerzos y generemos impacto juntos!
